De Vuelta a Casa
/Estoy muy contento de estar de vuelta en OLMC después de terminar mi tiempo sabático. Les conté un poco en febrero, pero quiero compartir un poco más de mis experiencias durante este tiempo sabático que me he tomado. El manuscrito de mi libro lo terminé hace seis semanas, pero he aprendido que el proceso de publicarlo es mucho muy lento. He decidido imprimirlo por mí cuenta para poder adelantar las cosas. Voy a asegurarme de informarles cuando el libro esté disponible, aunque esto pasé después de que termine mi tiempo en esta parroquia.
La mayor parte de mi sabático la pasé en casa de mi madre en Chula Vista. Mis dos hermanos están viviendo con ella así que fue increíble el vivir la vida en familia: misa diaria, comidas juntos, trabajar juntos en la casa (incluyendo el arreglar y organizar el garaje), y muchos juegos de pinacle (juego de cartas de bazas).
Yo me mantuve active físicamente, surfeando 2 o 3 veces por semana (la mayoría de las veces cerca del muelle de Ocean Beach), haciendo pesas, y corriendo. Dediqué mucho tiempo a ejercicios de estiramientos lo que me ayudó a sentirme mejor en general.
Fuí a Nuevo México a visitar a un sacerdote amigo del seminario y visité muchos de los sitios naturales e históricos de por allá. Pasé una semana en Julián con uno de mis hermanos. Tenía planeado pasar una semana con otro hermano en Sayulita, en la Riviera de Nayarit, pero tuvimos que cancelar el viaje por la violencia de los carteles.
He tenido más tiempo para procesar mi nueva asignación a la parroquia de Holy Trinity, en el Cajón. La mayoría de los estudiantes de su escuela parroquial son de familias caldeas y pude ver con claridad cuál era mi función en el plan de Dios, pues al ser asignado allí me permitirá estar en contacto y al servicio de la comunidad de caldeos, que era algo que había anticipado cuando fui ordenado, pero todavía no se había hecho realidad.
Durante todo el sabático los tuve diariamente en mi mente y en mis oraciones esperando el momento de volver. He vivido y trabajado con ustedes por catorce años, que es el tiempo más largo que he pasado en un solo lugar en toda mi vida. Estando de vuelta en la rectoría (casa cural) el jueves pasado, celebrando misa y yendo al evento social el viernes, el sentimiento que me sobrevino era de estar en casa. Aun cuando no tenemos un hogar permanente en la tierra, Dios quiere que experimentemos el sentimiento de pertenecer, de ser amados, de amar, de ser importantes a otros, de tener un propósito común, de tal manera que esas cosas tan bellas que los hogares nos ofrecen, nos hagan añorar ese hogar perfecto, hecho posible por la muerte y resurrección de Cristo que celebraremos solemnemente esta Semana Santa.
El párroco